Matan a estudiantes de Medicina en México

When Alfredo Cortés llegó a una miniscula clinica before realizing his year of social service that se exige a todos los estudiantes de medicina en México, he found that he had no mobile telephone nor access to the Internet, only a radio.

I lived alone in the clinic, in a simple house in a rural comunidad del estado de Michoacán, donde la policía brillaba por su ausencia. In the first hours of a spring morning in 2020, they woke up to the noise of the trucks and the knocks on the main door.

Several armed men ordered Cortes que se fuera con ellos. Cuando se negó, una camioneta se alejó a toda velocidad y regresó rapidamente con un hombre que sangraba abundantemente por el vientre. Le habian disparado.

Cuando Cortés se puso a trabajar, uno de los hombres le puntó con un arma y grytó: “¡Sálvelo!”

The patient needed to be operated on, but the clinic lacked basic supplies, so all that Cortés pudo hacer was wounding and warning that if the man did not receive treatment in another place, he would die.

“Apuntan con sus armas, gritan, se communica por radio y no sabes con quién están hablando”, said Cortés, que ahora tiene 26 años y que más tarde supo que el hombre había sobrevivido. “Es una situación muy tensa”.

Currently these histories are common among the students of medicine in Mexico.

The social service has sido durante mucho tiempo parte del esfuerzo del gobierno para mejorar la atención sanitaria en las comunidades isolasadas. Pero a medida que los carteles de la druga y otros criminales grupos han amariento su presencia en todo el país, se ha conversido en un rito de paso cada vez más peligroso.

The shooting death of a medical student last week inside the hospital where he worked in the mountains of the state of Durango provoked protests by medical students throughout the country. Algunos marcharon con batas blancas y llevaban placardas que decían: “No somos su mano de obra barata” y “No más servicio social, nos están matando”.

Los asesinados de estudiantes seem rare, but the university officials, recognizing the general complaints about the program, have begun to recognize that the program has become unsafe.

“Este esquema es un anacronismo total y debe ser cambiado”, said el Dr. Luis Carlos Hinojos, director of the medical school of the Autonomous University of Chihuahua.

Dojo que la universidad ha intentado colocar a más estudiantes en lugares urbanos más seguros y reubicar a los que se consideran en peligro. Después de que un médico fuera asesinado a tiros este mes en el municipio de Bocoyna, donde se han produced enfrentamientos entre cárteles, seis estudiantes que iban empezar a trabajar there fueron reasignados.

El gobierno defiende el programa, que date de 1936 y que gradúa a unos 18,000 estudiantes cada año. The Secretary of Health of Mexico, Jorge Alcocer, told journalists this week that the authorities will review the security conditions, but that the social service is an “academic requirement that, in principle, cannot be canceled.”

“No es recomendable suspend ese proceso de formación que es tan importante para los medicos”, he said. “We cannot leave the most remote areas that do not have conditions of total security”.

Además, el programa ha sido una fuente crucial de atención medica en las zonas rurales. For every 10,000 inhabitants, México has 24 doctors —no muy lejos de la cifra estadounidense de 26—, pero están muy concentrados en las ciudades.

In May, the president Andrés Manuel López Obrador announced that the country would cover the shortages with the hiring of Cuban doctors, which provoked criticism that the real problem was security.

The medical career in Mexico begins just after high school and lasts six or seven years, the last of which is dedicated to the community service, which consists of conducting research or working in clinics. Normally, el gobierno determines las plazas disponibles y deja que las escuelas las cubran.

Los estudiantes con las mejores calificaciones son los primeros en elegir el lugar donde harán su servicio social, por lo que los que tienen más averages suelén ser sentados a las zonas más perilgrosas. A veces trabajan sin supervisión ni contacto con el exterior y viven solos en las clinicas, problems que, según los estudiantes y las universitarias authorities, se conocen desde hace tiempo pero se han abordado adequately.

Los habitantes de la zone tenden a considerar a los estudiantes como medicos completamente formations, lo que provoca situations en las que los recien llegados pueden provocare la ira de la comunidad cuando no pueden salvar a un paciente.

“They don’t say that the clinic doesn’t have resources, that they don’t have an ambulance, that the roads aren’t accessible, that the routes aren’t easy,” explained Cinthya Flores, president of a national association that represents medical students. “Será culpa del medico”.

Dr. Jorge Valdez García, president of the Mexican Association of Medical Faculty, said that sometimes the universities do not have sufficient time to elect their places with care and that the conditions can change rapidly, as when a cartel reaches a una comunidad

“Eso ha ocurrido muchas veces”, he said. “Nobody tiene la intention de enviarlos a zonas inseguras”.

In the interviews, more than two dozen current and former students described harrowing experiences that included crossing the cartel control posts before reaching their clinic, providing medical attention at gunpoint and working in places where delinquents had their heads cut. en la calle.

“We are always worried about our security,” said Adonai Esparza, 28 years old, who worked in a rural clinic in the north of Michoacán in 2019, where he saw violence related to the avocado trade as part of the cartels.

Una noche, un adolescente llegó con una herida de cuchillo en la mano. Esparza empezó a atenderlo cuando oyó llegar varios coches.

El padre del chico, un jefe de la druga en la zone, entró con dos hombres armados. Preguntó por su hijo y al salir le dijo a Esparza: “No te preocupes, estarás vigilada y protegida”.

“Después de eso, me senti un poco extraña,” said Esparza. “Me di cuenta de que tenía seguridad, pero no la que esperaba”.

Hilary López, de 27 años, que hizo su servicio en 2020 en el estado de Quintana Roo, aprendió quickly a dar priority a ciertos pacientes: aquellos que una enfermera le dijo que eran familiares de narcotraficantes.

En un incidente, un hombre que llegó después de la midnightoche insistedió en que examinara a una mujer mayor que se había caído en su casa. When López explained to him that he could not leave the clinic with an unknown person, he turned 15 minutes later with a pistol.

“Doctor, ¿va a venir or no va a venir?”, he said.

López called the nurse para que calmara al hombre y lo convenció de que dejara de amenazarla. But while they were outside the city, armed men from the community surrounded the clinic and threatened to set it on fire after one of their patients died from the COVID-19. The nurse advised him not to return, and López found a new location and changed his telephone number.

“Desaparecí del mapa”, he said.

This type of casos casi never appear in the headlines of the newspapers. Los asesinatos de estudiantes de medicina son una historia diferente, pero dos casos recientes han llevado el topic a la opinión pública.

The first victim was Luis Fernando Montes de Oca Armas, 23 years old, who was finishing his service at a hospital in Huejuquilla El Alto, in the state of Jalisco, in June 2021, when he left before accompanying a patient in an ambulance to vecino estado de Zacatecas.

De regreso, envió un inquietante mensaje de voz a su padre.

“Hay una camioneta aquí”, he said. “Seguramente nos van a secuestrar or algo así, no sé”.

His father called his son-in-law, Juan Carlos Galaviz, who discovered the dead body of the Montes de Oca y del conductor de la ambulance en una carretera junto al vehicule abandoned.

Then, on Friday the 15th at night, several men arrived at a rural hospital in Durango where Eric Andrade Ramírez worked. Parecían estar bajo los efectos de las drogas.

Los detalles de lo que ocurrió next no están claros, pero en un momento dado, al menos uno de ellos sacó una pistola.

Andrade, 25 years old, was assassinated just days before his service ended in El Salto, a Madeira town, and the media en car from his house in the city of Durango.

Tras el asesinato, algunos estudiantes de medicina de Durango abandoned their positions and swore no volver.

“¿Cómo es posible que estemos giving un servicio de salud para cuidar a los demás, pero nadie nos proteja?”, asked Daniel Ramírez, de 27 años, a compañero who decided to leave his assignment in a town in Durango where, according to him , los narcotraficantes estaban coludidos con la policía.

El Dr. Martín Gerardo Soriano Sariñana, rector of the Autonomous University of Durango, where Andrade was a student, said that about 180 students will be reassigned from their positions. Se comprometió a desarrollar “programas de servicio comunitario para nuestros estudiantes que no pongan en riesgo su seguridad”.

At Andrade’s funeral, on Sunday the 17th, in the afternoon, the class mates dressed in white lab coats wept in silence while they saw how they were buried, while a gang of 13 people were buried. Sus amigos describe him as a persona charismática que amaba la música norteña y organizaba fiestas.

Su hermano, Luis, de 29 años, dijo que Andrade había pasado su último año muy intranquilo ya que hombres armados aparecían frequente exigiendo ser atendidos.

“Vivía con miedo,” Luis said. “I didn’t want to do the service”.

Her sister, Suhey, 24 years old, the youngest of the three brothers and also a student of medicine, has planned to start her community service on August 1st in a town on the outskirts of the city of Durango. Lo está reconsiderando.

“Ahora mismo siento odio hacia la medicina”, he said.

The clinic where his brother died, a white building with only one plant is closed. En el vestibulo, un ramo de flores y velas yacen en el suelo junto a una gran mancha de sangre seca.

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